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Grecia, el fracaso de una izquierda populista y demagoga..

Lo que Syriza prometió en su campaña y no pudo cumplir

Por: Ricardo Angoso julio 22, 2015
"Nota Ciudadana" es un espacio generado por nuestros lectores y no refleja o compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.CO
Grecia, el fracaso de una izquierda populista y demagoga
Foto: tomada de internet



Ya lo dice el viejo refrán castellano: una cosa es predicar y otra dar trigo. Syriza prometió, en la campaña electoral previa a las elecciones que le dieron la mayoría absoluta, que no se pondrían de rodillas ante la troika, que no aceptarían ajustes duros, que Grecia entraría desde el primer día que llegaran al gobierno por una senda de dignidad y que presentarían ante la sociedad una nueva agenda social para recuperar un país sumido en una de las mayores crisis de su historia.

Pero nada de eso ocurrió, sino más bien todo lo contrario, algo que resulta paradójico y muchos todavía no han digerido. Finalmente, se pusieron de rodillas ante la troika, por mucho que ahora algunos salgan con las típicas bravuconadas; aceptaron nuevos ajustes e impuestos y bajadas de pensiones, la dignidad quedó en entredicho tras firmar lo que tuvieron que firmar a empellones y la agenda social que debería colocar a Grecia ante un nuevo destino. Una suerte de paraíso soñado como el de Maduro en Venezuela o el de Iglesias en España, acabó en una suerte de delirio colectivo jamás cumplido.

Las utopías son ideas y proyectos que cuando se conciben se sabe a ciencia cierta que son propuestas irrealizables, como ocurría con el programa de Syriza y con las bellas ensoñaciones de ese gran mago de la manipulación y la exposición mediática que es Alexis Tsipras. Nada de lo prometido se cumplió, las palabras altisonantes se las llevó el viento y, ya se sabe, los programas electorales se escriben, fundamentalmente, para no cumplirlos.

Perdieron siete meses maravillosos para haber arreglado las cosas, pero no lo hicieron y los griegos, por su responsabilidad, han tenido ahora que pagar más de lo que hubieran pagado a comienzos de año, han tenido que soportar un “corralito” del cual todavía no se atisba el final y han firmado un nuevo paquete de medidas “antisociales” y “terroristas” quizá muchas más duras que las hubieran tenido que rubricar en unas mejores condiciones para negociarlas. Al final, el acuerdo de rescate a Grecia, eran lentejas: si quieres las comes o si no las quieres, las dejas, pero no había nada más. Mejor dicho, sí había algo más: la catástrofe, el abismo que se traga todo, incluyendo los sueños, el Grexit y la huida hacia la nada que significaría el precipitado abandono del euro.

Tuvieron que aceptar el “veneno” que les ofrecía la Unión Europea (UE) porque no les quedaba otra alternativa. Pero tenían que escenificar el melodrama victimista, salir victoriosos tras la derrota, aparentar que habían ganado y que la miseria política, la de poner de rodillas al pueblo griego, estaba del otro lado. Convocaron a un inútil referéndum que rechazó las propuestas que finalmente acabaron aceptando. ¿Se puede ser más necio? Y finalmente firmaron las propuestas que teóricamente nunca iban a firmar y mucho menos aceptar.

Riesgo de colapso económico antes de fin de año

El planteamiento inicial de Syriza era absolutamente irracional. ¿Cómo puede una sola nación imponer sus erráticos planteamientos a 19 países, a toda la zona euro? Grecia necesitaba urgentemente un acuerdo, no podía pagar sus deudas contraídas y la economía griega no daba señales de recuperación, sino de una tenue resistencia y un leve respiro tras años de contracciones y caídas en el crecimiento económico. Era un escenario de crisis que necesitaba respuestas urgentes. En lugar de hacer frente a esa coyuntura de una forma realista, el tándem conformado por Tsipras y su ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, se mostraron ante sus socios europeos con una arrogancia absolutamente inusual y mostrando una inmadurez total en toda la negociación.

¿Y ahora qué es lo que está por venir? Comparto la visión apocalíptica y nada optimista de Varoufakis, que se apartó de la negociación cuando ya estaba a punto de concluir y se opuso al nuevo plan de rescate. Según él, Grecia estaba siendo sometida a un programa que “entrará a la historia como uno de los más grandes desastres de manejo macroeconómico”.

El acuerdo es cortoplacista, un parche puesto en una gran grieta que engulle a todo y a todos; no es realista y no es más que otorgar un nuevo crédito a un país que no puede ni podrá nunca pagar las ingentes deudas que tiene. Seguramente, antes de que acabe el año, Grecia tendrá que suspender pagos y no podrá hacer frente ni siquiera a los intereses de su deuda.  El ejecutivo heleno tendrá que hacer frente a 24 pagos a organismos internaciones de aquí a diciembre, unas obligaciones con las que no podrá cumplir. Estaremos así ad portas de una nueva crisis de magnitudes desconocidas y, seguramente, una nueva negociación, el cuento de nunca acabar.

El fracaso de Tsipras se debe a que nunca ha dicho la verdad al pueblo griego y no le presentó un diagnóstico realista y fidedigno del cuadro crítico que presentaba el país. Utilizando argumentos demagógicos y populistas, de imposible o nulo cumplimiento, Syriza creía que podría dejar de hacer frente a sus obligaciones financieras y optar por una vía autárquica al margen de una UE a la que pertenece Grecia desde hace más de tres décadas. Luego, queriendo ir por la vida de independiente, se mostró de una forma desleal ante sus socios, a los que llegó a humillar con sus pretenciosos (y fracasados) viajes a la Rusia de Putin en busca de una anhelada ayuda financiera, para sentarse a negociar, ya en condiciones de desigualdad, ante unos socios que estaban hartos de los desaires griegos.

Grecia podría haberse mirado en el espejo de otros países que salieron de sus crisis de una forma exitosa, como Islandia o Irlanda, pero los líderes de Syriza optaron por una huida hacia adelante por las sendas del populismo y la demagogia. Eligieron el peor de los caminos, sin un programa riguroso, serio y definido, sin hacer una apuesta por cambiar la cultura política y económica del país, por hacer mejor las cosas, y apostar por la competitividad y la productividad. ¿Habrán aprendido de lo que ha ocurrido en estas semanas de locura y frenesí? ¿Serán capaces de enmendar la plana y poner rumbo al sentido común?

@ricardoangoso

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