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MEMORIA HISTORICA: EL LATROCINIO SOZIALISTA DEL VITA..

"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga" Diderot. "El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión" Ruskin (Bitácora Recopilatoria de artículos que despiertan mi interés).

1939. El Tesoro del “VITA”. Es hora de rendir cuentas. El expolio del PSOE

 

 

Esta fue una más, de las muchas páginas bochornosas, vergonzantes y escandalosas, protagonizadas por los socialistas.

“Aquel dinero que debía servir para atender a muchas necesidades de los emigrados, si hubiera sido escrupulosa y desinteresadamente administrado, y para preparar una posible repatriación, se ha gastado en ahondar más las diferencias entre los compatriotas, en crear un cisma, que será el más sólido pilar sobre el que se sostendrá el Régimen falangista del usurpador Franco”. Francisco Largo Caballero

 

 

“Como hoy es bien sabido, los dirigentes del Frente Popular se pusieron a salvo, al terminar la guerra, sin atender a los miles de izquierdistas, muchos de ellos complicados en crímenes brutales, que quedaban a merced de sus enemigos. A salvo se pusieron, digo, con inmensos tesoros robados al patrimonio artístico e histórico nacional y a los particulares, incluyendo a la gente sin recursos que empeñaba sus escasos bienes en los montes de piedad. Estos fondos debían servir también para controlar políticamente el exilio, a cuyo fin se formó el SERE (Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles).

Negrín, “previsoramente”, como él decía, organizó desde los primeros meses de la contienda –esto es importante– el gigantesco expolio. Y en marzo de 1939, poco antes del fin de la guerra, parte de lo expoliado fue embarcada en Francia con rumbo a Méjico, en el yate Vita. El barco había pertenecido a Alfonso XIII con el nombre de Giralda, y lo mandaba un capitán relacionado con los separatistas vascos. Su carga debía recibirla el doctor Puche, ex rector de la universidad de Valencia y agente de Negrín en Méjico. Pero tanto el PNV como Prieto intentaron apoderarse de él. El botín valía la pena: depósitos del banco de España, cajas de oro amonedado, objetos históricos de la catedral de Tortosa, el Tesoro Mayor y Relicario Mayor de Sta. Cinta, ropas y objetos procedentes de la catedral de Toledo, entre ellos el famoso manto de las 50.000 perlas, colecciones de monedas de alto valor numismático, con ejemplares únicos de valor histórico, objetos de culto de la Capilla Real de Madrid, entre ellos, el joyero y el Clavo de Cristo, pinturas, alhajas de los montes de piedad, etc, etc. La mayor parte de la carga, de contenido ignorado, iba en más de cien grandes maletas, que, nos informa el dirigente de la UGT Amaro del Rosal, habían adquirido en París con gran sigilo unos empleados del Banco de España, socialistas de confianza.

Prieto demostró más habilidad que sus competidores: de acuerdo con el presidente mejicano Lázaro Cárdenas, conocido por su extrema corrupción, burló a Negrín y al PNV y se apropió del barco. Luego se respaldó en la supuesta autoridad de las Cortes en el exilio, grupo de personas sin representatividad real, a quienes había sobornado con espléndidos giros, según explica Del Rosal. La maniobra produjo un duro cruce de correspondencia entre Prieto y Negrín, gracias al cual conocemos las claves del asunto. Con los fondos así obtenidos, Prieto montó la JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles), que disputaría al SERE el control sobre los políticos exiliados, mediante pensiones más elevadas. Ambas organizaciones serían acusadas de corrupción y favoritismo. Amaro sospecha que los objetos de valor histórico o artístico fueron desguazados o fundidos para borrar la huella de su origen.

Los racistas jefes del PNV habían mostrado aversión a recibir ayuda de entidades españolas, pero, chasqueados en su plan de adueñarse del Vita, cambiaron de idea y trataron de “comer a dos carrillos”, en expresión suya, beneficiándose tanto del SERE como de la JARE, pese a que cada organismo negaba su ayuda a quienes la recibieran del otro. Tendrían éxito sólo a medias. Los líderes nacionalistas catalanes habían defraudado sumas considerables al Frente Popular, aparte de lo que se quedaran de los saqueos anarquistas, y no parecen haber sufrido grandes penurias

Pocos dirigentes rehusaron las atenciones del SERE o de la JARE. Uno de esos pocos fue el ex presidente Alcalá-Zamora, víctima a su vez del robo de las cajas de seguridad de los bancos por el gobierno de Largo Caballero. Pese a soportar una dura necesidad, rechazó un dinero que consideraba manchado. Otro fue el insobornable Cipriano Mera, para quien “aceptar algo del SERE era reconocer tácitamente al nefasto doctor Negrín como representante oficial de los españoles exiliados”. Mera, sufriendo pésimas condiciones en un campo de presos en Argelia, replicó a las ofertas de un bien trajeado agente del SERE: “Mi caso no es diferente del de varios miles de refugiados. Ni más ni menos. Rechazo por adelantado cualquier privilegio personal, pues no me lo admite mi dignidad. Y ahora quiero decirte una cosa: estáis manejando un tesoro que no os pertenece y del que tendréis que rendir cuentas el día de mañana. ¡No lo olvidéis!”. Nunca hubo rendición de cuentas, ni antes ni después de la Transición.” Pio Moa

Indalecio Prieto, líder socialista que se paseaba por el congreso pistola en mano, y que comenzaba a aglutinar en torno suyo a las fracciones mayoritarias del PSOE, consideraba que la única política posible en el final de la guerra consistía en destinar la mayor parte de los recursos a la ayuda a la masa de los refugiados y, en general, de las víctimas del franquismo.

El Dr. Negrín, jefe del gobierno de la República en el exilio, en cambio, defendió reservar el tesoro del Vita, estimado en unos 1.000 a 1.500 millones de francos o unos 40 millones de dólares, que suponía tres cuartas partes del total de lo salvado por el Estado republicano, para el momento del retorno a España.

Hay que tener en cuenta que buena parte de esos bienes suntuarios procedían de incautaciones a particulares o aún del patrimonio nacional.

Un año antes de zarpar el “Vita”, en marzo de 1938 se procedió por orden del Ministerio de Hacienda a la apertura de las cajas de particulares en Bancos Privados y de los depósitos del Monte de Piedad. Al mismo tiempo se constituyeron la Junta Nacional del Tesoro Artístico y la Caja General de Reparaciones, ambas dependientes del propio Ministerio de Hacienda con objeto de acumular bienes incautados por partidos y sindicatos en cantidades y valores imposibles de cuantificar.

El Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles (CTARE) fue constituido en México en junio de 1939, con ocasión de la llegada de la expedición del Sinaia, sin preparación pervia. Esta delegación del SERE (Servicio de Emigración de Republicanos Españoles, gestionado por el gobierno negrinista) en México emprendió inversiones agrícolas e industriales, creó instituciones educativas y culturales y subsidió a los primeros contingentes de emigrados. Sin embargo, el control por parte de Prieto de los bienes del Vita y otros efectos limitó las actividades del Comité Técnico, fracasando la mayor parte de las empresas creadas para dar trabajo a los refugiados. El Comité tuvo que subsidiar a gran número de refugiados, pues varios miles se encontraban sin empleo al año de su llegada a México. La pérdida del control de los bienes del Vita y otros efectos (el barco Arnus, los aviones Bellanca y los motores de aviación, así como valores de diversos países), y la suspensión de la emigración hacia México en agosto de 1939, motivaron queNegrín desalentara nuevas inversiones.

 

En julio de 1939, Negrín valoraba los recursos de su Gobierno en unos 500 a 600 millones de francos y otros 1.000 a 1.500 en bienes sin convertir (Vita y otros efectos) en México pero fuera de su control.En octubre de 1939, a pesar de la pérdida del control de tesoro del Vita y de la limitación de los efectivos de Negrín, el doctor Puche, emisario de Negrín, presentó un plan de inversión en Santa Clara de 3.840.000 pesos (768 mil dólares). De esta manera, Puche quería demostrar al presidente mexicano Cárdenas que el plan de inversiones para el asentamiento de refugiados era viable.

La ausencia de nuevas inversiones en México la justificaba por las dificultades impuestas por el comienzo de la guerra mundial, señalando que el Comité Técnico no podría no sólo crear nuevas empresas agrarias e industriales sino mantener los subsidios. Únicamente la cesión de los efectos (el tesoro del Vita no se consideraba pues Puche conocía los planes de reservar esos bienes para el futuro), podría permitir continuar las actividades de socorro del CTARE. La amenaza de cierre se fue postergando hasta la primavera de 1940 cuando se empezaron a cerrar los albergues y dejar de pagar los subsidios.

Negrín estaba lejos de propiciar una emigración masiva a México, reservando los bienes del Vita para el futuro de las instituciones republicanas, una vez derribado Franco, más que para la ayuda a los refugiados.

La presión de las autoridades mexicanas para que Negrín concretara la financiación de la emigración a México fue respondida por éste con evasivas, lo que irritó a Cárdenas y a su embajador en Francia. El Presidente mexicano quería que se decidiera de una vez qué se hacía con el cargamento del Vita, recomendando que se retirara del país si no se utilizaba para el asentamiento de los refugiados en México.

Las diversas organizaciones de ayuda a refugiados (SERE y JARE -Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles -, principalmente) finalmente despilfarraron el tesoro del Vita en miles de funcionarios y políticos en lugar de ayudar a todos los exiliados.

 

 

 

El litigio entre Prieto y Negrín por apoderarse del cargamento del “Vita” dio origen a una curiosa relación epistolar entre ambos dirigentes del PSOE, amigos en otro tiempo, que lamentablemente ha despertado escaso interés entre los recuperadores de la memoria histórica.

Carta de Negrín a Prieto

Negrín, desde Nueva York y con fecha de mayo de 1939, escribió a Prieto la siguiente misiva:

Mi querido y buen amigo:

Aprovecho la salida para México de nuestro común amigo don Francisco Méndez Aspe, para anunciarle, con estas líneas, mi próxima llegada ahí. Pronto tendré ocasión de exponerle verbalmente varias razones de mi viaje, pero no es la menor, y desde luego ha contribuido a anticiparlo, mi deseo de que en una entrevista se aclaren los equívocos y las malas inteligencias surgidas en los últimos meses. Puede haber habido errores, de una u otra parte y quizá de ambas, pero como nos ha guiado el mejor buen deseo y para mí su estimación y amistad están por encima de cualquiera otra consideración, estoy seguro de que con pocas palabras se desvanecería cualquier enojo o molestia que usted sienta.

Me han dicho anoche que Fraile está en cama con una flebitis, cosa que me preocupa. También me aseguran que ayer llegaron a Nueva York su cuñado y familia, pero aún no los he visto ni sé dónde viven. Salude de mi parte a Blanca, Concha, Luis Y Fraile, a quienes pronto he de ver.

Con el afecto y cariño de su amigo.  J. NEGRÍN

Saludos a Salazar.

Contestación de Indalecio Prieto

México, 7 de junio de 1939.

Sr. D. Juan Negrín. Estimado correligionario:

En respuesta a la carta de usted que me trajo el señor Méndez Aspe al venir de Nueva York, debo decirle que nuestra amistad, ya muy quebrantada a partir de abril de 1938, la considero rota por completo desde abril de 1939. Consiguientemente no debe verificarse la entrevista conmigo que proyecta usted a su llegada a esta capital. Habría de ser muy penosa. Desde luego lo sería en alto grado para mí. Los hechos que motivan mi actitud son tan notorios y de tal volumen que no podrían ser desvirtuados por ningún género de explicaciones. Y puesto que la entrevista resultaría, además de inútil, desagradable, es preferible evitarla.

Si, aparte de esa amistad ya muerta, tuviera usted algo que decirme, le ruego que lo haga por escrito para que sea también escrita mi respuesta. Así, ante palabras perdurables, se eliminarían los riesgos de interpretaciones equívocas.

Atentamente le saluda.  INDALECIO PRIETO

 

Desgarrón en el exilio español

      “Entre  los milagros que contabilizó el régimen franquista se encuentra la prodigiosa aparición de la Virgen de Covadonga, la Santina, al embajador José Félix de Lequerica, cuando acababa de hacerse cargo de la legación española en París.

      Tras el desalojo republicano de la embajada, quedaron en ella montones de papeles y cartones, trastos múltiples y mobiliario. El embajador del régimen victorioso en la guerra civil ordenó limpieza general y la confección de un inventario. Entonces, ¡oh prodigio!, intacta y con todas sus joyas apareció la Santina.

      La patrona de Asturias debería haber viajado en el yate Vita hasta tierras mexicanas. Pero regresó a su gruta de Covadonga, gracias seguramente a los buenos oficios de un devoto paisano que a última hora se ocupó de camuflarla.

      Menos milagrosa resultó —según broma que gastaban en el exilio los asturianos a los valencianos— la Virgen de Requena, que desapareció iunto a su tesoro sin dejar rastro a manos de los incontrolados de la Columna de Hierro.

       No es esta una historia de milagros ni apari­ciones, aunque auténtica aparición fue para Indalecio Prieto la llegada del Vita a Veracruz a finales de marzo de 1939, y mila­grosa —por lo eficaz— la forma que encontró para desgarrar al exilio español y controlar a una parte de él con el tesoro del Vita.

        La consigna del presidente del Gobierno repu­blicano, Juan Negrín, deresistir a ultranza aun después de la pérdida de Cataluña estaba bien fundada, como se demostraría seis meses des­pués de la conclusión de la guerra civil.

        El estallido de la Segunda Guerra Mundial hu­biera dado un giro sorprendente a la guerra española de haber continuado ésta cuando las tropas alemanas invadieron Polonia.

       Sin embargo, el golpe casadista a comienzos de marzo de 1939 significó el fin de la esperan­za. Si antes de esta traición la situación era muy difícil en las filas republicanas, tras ella la suerte de la guerra estaba decidida.

      Así lo vio Negrín al dar un giro, el único posible, a su política: como la guerra mundial no tardaría en estallar y como al final habrían de imponerse las democracias frente a nazis y fascistas, la República española debería resistir en el exilio, mantener sus cuadros, proteger a sus ciudadanos, guardar a sus intelectuales, técni­cos y científicos que tan necesarios serían para la reconstrucción nacional.

      Dada la compleja situación en Francia, donde la República española seguía contando con simpatías y solidaridades, pero también con enemi­gos y con millares de españoles en los campos de concentración del sur del país, el Gobierno republicano buscó la salida americana.

      Para ello montó su estrategia en dos vertientes, la política y la económica: negociaciones con los gobiernos amigos de América que pu­dieran acoger a los exiliados españoles y acopio de fondos para financiar la emigración al nuevo mundo.

     La primera gestión se hizo con el presidente mexicano, general Lázaro Cárdenas, que admi­tió la entrada de 40.000 españoles siempre que no representasen una carga económica para el país. El Gobierno de Negrín debía garantizar las inversiones que absorbieran la mano de obra emigrante y que los contingentes de exiliados que llegaran al país estuvieran compuestos por intelectuales, profesores, científicos, médicos, técnicos, maestros, pescadores y campesinos… y por aquellas personalidades con significación política que corrieran peligro en Francia o en el norte de África.

      Con Chile, gracias a la mediación y al tesón de Pablo Neruda, se negoció el envío de 3.000 exiliados1 a condición de que el Gobierno republicano costeara  los gastos de transporte.

      El asentamiento en Santo Domingo también resultó posible, aunque un tanto caro. La República debía sufragar el transporte y realizar la inversión necesaria para que el asentamiento de los exiliados no fuera gravoso para el país. A ello debe añadirse la cuota de 50 dólares por emigrante, establecida por el embajador de San­to Domingo en Francia, el conocido play-boyinternacional Porfirio Rubirosa, yerno del dicta­dor Trujillo.

      El presidente de la República Argentina, Hipólito Yrigoyen, de origen vasco, aceptó acoger un contingente de emigrantes,  siempre que fueran vascos y la República corriera con los gastos del pasaje.

      Todos estos movimientos y otros más garanti­zarían la supervivencia de los exiliados, pero suponían unas cargas económicas que el Gobierno de Negrín afrontaba en condiciones muy complejas: no había concluido todavía la guerra civil y, aparte de esos compromisos económicos debía atender otros igualmente importantes: el sostenimiento del propio Gobierno, de los diputados, altos funcionarios, Gobierno de Cataluña y, en menor medida, de proporcionar ciertas ayudas al Gobierno vasco2.

      ¿De dónde salían los recursos de la guerra, con el Gobierno ya en el exilio, perdida Cataluña y en pleno caos Madrid? El ministro de Hacienda del Gobierno republicano, Francisco Méndez As­pe, tuvo la misión fundamental de recuperar los valores que la República había depositado en el extranjero para adquirir armas, municiones, víveres, material sanitario, materias primas, etcétera, cuya importación, que siempre se pagaba al contado, aún estaba pendiente.

      Para atender esas compras funcionaban oficinas en Checoslovaquia, Estados Unidos, México, Gran Bretaña y Francia, donde se encontraba la más importante. Todas estas oficinas de compras disponían de recursos y tenían nu­merosos contratos de suministros pendientes de entrega o en ruta hacia España.

      Así, la misión de Méndez Aspe y de sus colaboradores fue recuperar los saldos existentes y negociar la reconversión en dinero de los materiales encargados; asimismo debieron luchar mucho, y no siempre con fortuna, para impedir que los efectos pedidos fueran incautados por el régimen franquista, que inició gestiones en esta dirección nada más concluir las hostili­dades.

      Estas fuentes de recursos eran independien­tes de los depósitos realizables y de los objetos de valor histórico depositados en Francia3, en la embajada y otros lugares, que estaban bajo el control directo del ministro de Hacienda.

 

 

El plan de «Vita»

      Como ya se ha apuntado, en Francia no todo eran simpatías a los exiliados españoles. Por eso, probablemente hacia mediados de febrero de 1939 se pensó que el centro del exilio, el Gobierno de la República, debería establecerse en otro lugar. Tras las negociaciones entre el Gobierno de Negrín y el de Cárdenas se determinó que México sería el país indicado. Así pues, a finales de febrero estaba decidido que cuantos recursos pudiera reunir el ministro Mén­dez Aspe serían concentrados en tierras az­tecas.

     Con ellos se realzarían las inversiones que asegurasen el trabajo de los exiliados españoles en México, se atenderían las inversiones negociadas en Santo Domingo, se suministraría ayu­da a los exiliados españoles que permanecieran en Francia y norte de África, especialmente a la Liga de mutilados de guerra, que gozaba de un cierto respeto en Francia. También con estos fondos se deberían financiar las nuevas expedi­ciones colectivas desde Francia o norte de Áfri­ca hacia el Nuevo Continente.

      Para poner a buen recaudo tales recursos, el Gobierno republicano adquirió el yate Giralda****propiedad de Alfonso XIII. Fue intermediario en la compra el hispano-filipino Mario Gamboa. Una vez en poder del Gobierno republicano, el yate se denominó Vita. Fue nombrado capitán José Ordorica, que buscó la tripulación.

      El golpe de Casado en Madrid movió al Gobierno republicano a poner en marcha la operación. En marzo de 1939 se creó en París, con el visto bueno del ministro del Interior francés, Sarraut, y bajo la protección de la embajada mexicana —representada por el licenciado Bassols—, el Servicio de Evacuación de los Refugiados Españoles (SERE). Este servicio fue presidi­do por Pablo Azcárate.

     El SERE contó con una filial mexicana, el Co­mité Técnico de Ayuda a los Refugiados Espa­ñoles, que dirigieron José Puche —ex rector de la Universidad de Valencia— y Joaquín Lozano —funcionario del Ministerio de Hacienda—. Este organismo, radicado en México, fue destinatario de los fondos enviados desde Francia.

      A comienzos de marzo, Méndez Aspe tenía todo dispuesto para que elVita recibiera en sus bodegas el primer cargamento y lo condujera hasta el puerto mexicano de Veracruz. Dos fun­cionarios del Ministerio se encargaron de adqui­rir en París 120 maletas, donde colocaron los 110 bultos que formaban la expedición.

     Su valor es aún misterioso, pero en grandes líneas puede decirse que se componía de obje­tos de arte, oro en barras, oro amonedado, plata en barras, alhajas y depósitos de diversos mon­tes de Piedad, debidamente etiquetados y valo­rados con los nombres de sus propietarios, para ser reintegrados a España y devueltos a sus dueños si no estaban implicados en responsabilidades civiles.

También hacia México, vía Nueva York, salieron Joaquín Lozano y José Puche, que deberían llegar con la antelación suficiente para tener, listos los trámites de atraque y descarga del Vita, así como el lugar donde conducir su contenido.

El tesoro de la discordia

      Con gran sigilo se movieron Méndez Aspe y sus colaboradores a la hora de cargar el Vita. Con algunas complicidades francesas, lograron que el yate abandonara Francia en total secreto, tanto que aún nos es imposible concretar la fecha, aunque debió ser hacia el 10 de marzo de 1939. Junto a la tripulación viajaban José Mª Sabater, funcionario de Hacienda que portaba la documentación e inventario del cargamento, y Enrique Puente, responsable de su vigilancía4.

Con el tiempo bonancible y una velocidad medía superior a la prevista, elVita surcó el Atlántico, mientras José Puche y Joaquín Lozano eran retenidos en Nueva York por una enfermedad.

Semanas antes, el 18 de febrero había llegado a México Indalecio Prieto, que ejercía como embajador plenipotenciario de la República. Meses antes había viajado a América para asistir a la toma de posesión del presidente chileno Pedro Aguirre Cerdá.

Tras algunas semanas en Chile, Prieto continuó viaje por otras naciones americanas representando a la República española, hasta llegar al país azteca el 18 de febrero de 1939.

A finales de marzo arribó al puerto de Veracruz el Vita. La presencia del yate con bandera republicana despertó todo tipo de especulaciones en la prensa mexicana, que hablaba también de la inminente conclusión de la guerra civil española.

La prensa más reaccionaria acogió la llegada del buque con todo tipo de reticencias e, incluso, con algunas muestras de hostilidad. Pero, en general, abundaron los comentarios fantásticos sobre la llegada en el buque del Gobierno republicano y los no tan fantásticos sobre un fabuloso tesoro.

Los responsables del yate no sabían qué hacer. Esperaban encontrar un comité de recepción y los trámites portuarios y aduaneros resueltos y, por el contrario, nadie les aguardaba allí, nada estaba resuelto y su llegada levantaba una alarmante polvareda.

¿Qué había ocurrido? Por un lado, la llegada a México de José Puche y Joaquín Lozano se retrasó a causa de una enfermedad, como ya se ha señalado. Por otro lado, con tiempo favorable, el Vita había llegado a Veracruz varias fechas antes de lo previsto.

Angustiados por la presión del ambiente y por la falta de noticias de la comisión, el capitán del
barco José Ordorica y el responsable de la custodia del transporte, Enrique Puente, descendieron a tierra y viajaron a la capital, donde no pudieron entrevistarse con el presidente Cárdenas, que estaba ausente.

Allí, solicitaron la colaboración de Prieto, no sólo por la elevada consideración política que les ofrecía, como por las indudables simpatías de Puente hacia el dirigente socialista.

Prieto hizo las gestiones pertinentes y las cosas comenzaron a resolverse, tal como se refleja en esta nota oficiosa de la Secretaría de Gobernación mexicana:

 (…) Carece de todo fundamento el rumor que recogen algunos periódicos de haber llegado a México el ex presidente del Consejo de Ministros de España, don Juan Negrín, y el ex ministro de Estado y ex embajador en México, don Julio Álvarez del Vayo, noticia basada en el arribo a Tampico del yate Vita, cuya tripulación está casi totalmente formada por marinos españoles, en su mayor parte vascos.
 

      (…) El capitán del Vita, don José Ordorica, y varios oficiales del buque vinieron a la capitanía a visitar al presidente, pero no habiendo logrado su propósito, por estar ausente el general Cárdenas, dispuso el general Núñez se trasladasen a Tampico para que expresasen al señor Ordorica los buenos deseos que animan al Gobierno mexicano en orden a la acogida de inmigrantes españoles que vengan a crear en nuestro territorio nuevas fuentes de riqueza, vigorizando la economía mexicana en vez de debilitarla, para lo cual el ciudadano presidente facilitará la relación entre los órganos administrativos y los comisionados que han venido en el Vita, como la hará con cualquiera otros representantes de españoles que, justificando su honradez y aptitud profesional, busquen aquí refugio para su desventura…

En resumen, el Gobierno mexicano tranquilizaba a la opinión pública, tendía una cortina de humo sobre el contenido del Vita y enviaba al buque hasta el pequeño puerto petrolero de Tampico, adonde llegó el 30 de marzo. Allí, en la desembocadura del río Panuco, con gran discreción, se descargó el yate, cuyo contenido pasó a dos vagones de ferrocarril.

El convoy ferroviario salió de Tampico el 31 de marzo con dirección a Ciudad de México rodeado de grandes medidas de seguridad, hasta el punto de que el propio general José Manuel Núñez se puso al frente de la operación.

Una vez en la capital, el tesoro del Vita fue depositado en el chalet de José Mª Argüelles, viejo miembro de la colonia asturiana en México, republicano y vinculado al servicio diplomático de la República, pues había ejercido como asesor de la delegación diplomática española en la época de Félix Gordón Ordax.

      Hasta aquí, aunque las cosas no hubieran salido conforme a lo planeado por el Gobierno republicano —que acababa oficialmente de perder la guerra, pues ya estamos a 1 de abril de 1939— nada irreparable había sucedido. In­dalecio Prieto se mantenía fiel al Gobierno de Negrín y le enviaba a Francia el 7 de abril un telegrama:

    Congratúlome poner incólume disposición di­chas personas (Puche-Lozano) cuanto acaso és­tas no habrían podido salvar aún habiendo llega­do con oportunidad debida.

      Efectivamente, para esa fecha los angustiados José Puche y Joaquín Lozano ya habían llegado a México y se encontraron sin el Vita y sin el tesoro. Una vez en contacto con Prie­to, éste les autorizó a visitar el chalet de José Mª Arguelles. José Puche realizó la inspec­ción. El antiguo rector de la Universidad de Valencia quedó lívido por el espectáculo que allí se le ofrecía.

     Se encontraba todo—me decía hace algunos años en una larga entrevista— en un completo desorden, bultos por todas partes, maletas abiertas mostrando su contenido, en fin, aquello era un verdadero caos.

     El asustado Puche se negó en redondo a ha­cerse cargo del cargamento hallado en aquel estado. Esa decisión, lógica en circunstancias normales, habría de ser nefasta para el exilio republicano.

    Prieto, responsable directo de aquel caos, también se asustó. Tras meditar su situación fue, seguramente, cuando decidió huir hacia ade­lante.

     Aparte del exilio debería asumir el deshonor y el desprestigio si se demostraba que allí faltaba algo. Ante él surgieron los sinsabores y decep­ciones sufridas en los años de guerra…, él, que pudo ser primer ministro, perdió incluso su carte­ra ministerial…

     Hacerse con el control del tesoro del Vita le daría la ocasión de vengarse de sus rivales polí­ticos; se convertiría en el arbitro del exilio y, además, no tendría que dar explicación alguna sobre el estado del cargamento… La guerra civil había terminado.

     El Gobierno en el exilio carecía de armas lega­les para exigirle la entrega del tesoro. Incluso en aquellos días de angustia y miseria no sería difícil hallar los apoyos morales y jurídicos que, bien pagados, le entregasen la administración del tesoro del Vita con una aparente cobertura legal.

EL TESORO

En el Vita, entre otros objetos o valores que escapan a nuestros conocimientos venían los siguientes bultos, cajas y otros empaques.

Bultos

1 al 10   Objetos  entregados  por  la  Caja de Reparaciones.
11    Depósitos Banco de España de gran valor.
12    Monte de Piedad de Madrid. Gran valor.
13    Monte de Piedad y Depósito Banco de España.
14    Monte de Piedad y Depósito Banco de España, de gran valor.
15    Depósitos Banco de España.
16    Depósitos y una custodia de gran valor.
17    Depósitos Banco de España.
18    Depósitos Banco de España y una cus­todia Caja de Reparaciones.
19    Depósitos Banco de España y especial de Caja de Reparaciones.
20    Depósitos Banco de España y una cus­todia de Caja de Reparaciones.
21    Depósitos Banco de España y dos cus­todias Caja de Reparaciones.
22    Depósitos Banco de España y una cus­todia Caja de Reparaciones.
23    Depósitos Banco de España
24    Depósitos Banco de España y una cus­todia de la Caja de Reparaciones.
25    Objetos religiosos Caja de Reparacio­nes de excepcional interés.
26    Depósitos Alicante.
27    Depósitos Banco de España.
28    Depósitos Banco de España y objetos religiosos Caja de Reparaciones.
29    Depósitos Banco de España y dos cus­todias Caja de Reparaciones.
30    Depósitos Banco de España y Castellón.
31    Depósitos Banco de España.
32    Depósitos Banco de España y entregas al Ministerio de Hacienda, de gran valor.
33    Depósitos Banco de España y entregas al Ministerio de Hacienda.
34    Depósitos Banco de España.
35    Depósitos Banco de España y entregas Ministerio de Hacienda.
36    Depósito.
37    Objetos varios.
38    Cajón entrega Generalitat de Cataluña oro amonedado.
39   Depósitos de Bancos y reliquias del Pa­trimonio Real. Todo el joyero de Capilla Real. El célebre Clavo de Cristo.
40    Depósitos Monte de Piedad.
41    Depósitos Banco de España y custodia.
42    Depósitos Banco de España y lingotes oro.
43    Depósitos Banco de España y lingotes de oro.
44    Depósitos Banco de España y objetos históricos Catedral Tortosa.
45    Depósitos Banco de España y objetos históricos Catedral Tortosa.
46    Objetos religiosos y ropa de gran valor artístico e intrínseco.
47    Objetos religiosos de gran valor artístico e intrínseco.
48    Entrega Generalitat de Cataluña. Obje­tos de gran valor
49   Ropas y objetos religiosos procedentes de la Catedral de Toledo, entre ellos el  famoso  manto de  las cincuenta mil   perlas.
50    Ropa y objetos religiosos de Toledo. De­pósitos del Monte de Piedad de Madrid y tres sobres de la Caja de Reparacio­nes conteniendo brillantes de alta cali­dad y de gran valor.
51    Depósitos Monte de Piedad de Madrid. 
52 al 54   Depósitos Monte de Piedad de Madrid.
55    Depósitos Banco de España.
56    Depósitos Banco de España.
57    Una colección de relojes. Valor histórico y artístico.
58    Colecciones de monedas de oro de va­lor numismático. Ejemplares únicos de incalculable valor histórico.
59    Colecciones de monedas de oro de va­lor numismático. Ejemplares únicos de incalculable valor histórico.
60    Depósito objetos de valor. Caja de Reparaciones.
61    Depósitos y entregas Ministerio de Ha­cienda.
62    Colección de monedas valor numismáti­co y objetos valor. Ministerio de Ha­cienda.
63    Caja de Reparaciones. Objetos de valor.
64    Caja de Reparaciones y Monte de Pie­dad.
65 al 78   Depósitos Monte de Piedad.
79    Depósitos Monte de Piedad y Banco de España.
80    Depósitos Monte de Piedad y Banco de España.
81    Caja pequeña de madera conteniendo el monetario de la Casa de la Moneda de Madrid, de oro. Mucho valor.
82 al 84   Depósito Banco de España. 85 al 87   Caja de  Reparaciones.   Objetos gran valor.
88    Depósitos Bancos y Monte de Piedad.
89    Entrega de la Generalidad y Monte de Piedad.
90    Entrega de la Generalidad y Monte de Piedad.
91    Depósitos Monte de Piedad.
92    Depósitos Monte de Piedad.
93    Depósitos Monte de Piedad.
94    Entregas de acuerdo con Decreto. En depósito.
95    Depósitos Generalidad y otros.
96    Entregas de acuerdo con Decreto.
97    Depósitos Monte de Piedad.
98    Depósitos Monte de Piedad.
99    Depósitos de la Generalitat y sacos con monedas de oro. (Sin revisar su valor numismático.)
100    Varios bultos objetos de valor.
101    Objetos del Culto de la Capilla Real de Madrid.
102    Objetos del Culto de la Capilla Real de Madrid.
103 al 110   Depósitos Monte de Piedad.

Un ejemplar extraordinario de un Quijote editado en hojas de corcho (*).

(*)   Este objeto fue omitido en el memorándum al presidente de la República y en la copia entregada al licenciado Luis Sánchez Pontón.

      Quedaban sin controlar los objetos empaquetados en cajas que eran el mayor volumen de la expedición. En el Vita fueron depositados cuadros de valor extraordinario. Asimismo fueron depositados objetos de culto que pertenecieron al «Papa Luna».

La legalidad republicana

      Para que no quepan dudas sobre la adminis­tración de los bienes transportados por el Vita a México es necesario retroceder unas semanas. El 1 de febrero de 1939, a las 10.30 de la noche, cuando todo el frente catalán se desplomaba y docenas de millares de personas se dirigían a la frontera francesa, tuvo lugar en Figueras la última sesión de las Cortes republicanas en sue­lo español.

      A la convocatoria asistieron 62 diputados, que tras los discursos del presidente de las Cortes, Martínez Barrio; del Gobierno, Juan Negrín, y de los jefes de las diferentes minorías, ratificaron su confianza en el Gabinete.

     Según el Diario de Sesiones, Martínez Barrio hizo la pregunta de ritual:¿Se ratifica al Gobier­no que se sienta en el banco azul, presidido por el señor Negrín? (Voces: Sí, sí.)

      El día 1 de abril concluía oficialmente la guerra civil española. Al día siguiente se reunía en París la Diputación de las Cortes Españolas. En esa sesión se acordó dar por terminadas las activi­dades de las Cortes,convirtiéndolas en Comi­sión Fiscalizadora que se dedique exclusiva­mente a la asistencia a los evacuados españoles y a su traslado a América, según informaba la agencia Havas Anta el 2 de abril. La misma agencia de prensa continuaba:

       Se discutió ampliamente sobre el reconoci­miento del Gobierno del doctor Juan Negrín, co­mo el único legítimo de España y como deposi­tario y administrador de los fondos españoles que se encuentran fuera del territorio español. Se llegó a un acuerdo, haciendo constar que la diputación permanente de las Cortes reconoce al doctor Negrín como el único Gobierno español para estos efectos. La comisión fiscalizadora es­tá integrada por representantes de todos los par­tidos, y la presidirá el presidente de las Cortes, Martínez Barrio, pero como éste piensa marchar a América el próximo mes de mayo, quedará presidiéndola el vicepresidente de las Cortes. Este acto ha sido el último con carácter oficial, aunque privado, que realizan las instituciones republicanas españolas.

     Parece, pues, bien demostrado que el Gobier­no de Juan Negrín ostentaba la legalidad repu­blicana y que era el depositario y administrador de los fondos españoles que se encuentran fue­ra del territorio español, los del Vitaentre ellos.

      Prieto, como ya se vio antes, reconoció esa situación en su telegrama del 7 de abril a Negrín. Ahora bien, cuando decidió cambiar radicalmen­te de postura maniobró con suma habilidad para buscar el punto más vulnerable del montaje polí­tico republicano.

     En México se hallaban algunas figuras políti­cas de gran relieve durante la República y que en aquel momento no tenían representación ofi­cial alguna. Prieto eligió a cuatro: José Giral, Augusto Barcia, Sebastián Pozas y Félix Gordón Ordax5, para contarles su versión sobre el Vi­ta: el papel salvador del cargamento que hubo de jugar, para lo que recurrió a una alta autori­dad —se está refiriendo al presidente Cárde­nas— que puso una condición para que el car­gamento desembarcase libremente: la de que yo fuese el único responsable de su custodia e inversión 6.

       Sea por la contundencia de este argumento —tan falaz como pintoresco— sea por la con­veniencia7 o también por la angustia e incertidumbre de aquellos días, los cuatro vete­ranos republicanos aprueban una propuesta de Prieto para saltarse al Gobierno y poner todo lo desembarcado a disposición de la Diputación Permanente de las Cortes, que era, a nuestro juicio, la única autoridad sub­sistente del régimen derrocado, según pala­bras del propio Prieto.

Golpe de Estado

       Curiosamente, y aunque nos estemos movien­do ante un aparato político en el exilio, Prieto acababa de dar un golpe de Estado: desconocía al Gobierno Negrín, reunía a cuatro notables y se investía de un poder arbitral.

     Para reforzar su posición y dar consistencia al pretexto de que una alta autoridad había condicionado la entrada del tesoro del Vita a su admi­nistración, Prieto visita al presidente Cárdenas y le cuenta lo tratado.

       Tenemos la versión de Prieto: A la alta jeraquía con quien traté le expuse lo acordado por noso­tros cinco y le pedí su venia para proceder con­forme a nuestra resolución, a la cual accedió por poner yo en la solicitud gran porfía.

      Desgraciadamente no disponemos de la versión de Cárdenas, pero es lógico concluir que fue engañado por Prieto, porque ¿cómo iba el presidente mexicano a favorecer un auténtico golpe de Estado contra el Gobierno de Negrín cuando mantenía con éste cordiales relaciones diplomáticas, como demostró hasta el final de su mandato?

       Cárdenas estaba dispuesto a creer en Prieto, que aún ostentaba el cargo de embajador plenipotenciario del Gobierno de Negrín, ¿por qué iba a sospechar en todo aquello una sucia traición?

        Ha de tenerse en cuenta que los roces por la administración del Vitaapenas si habían comen­zado y todo se llevaba a niveles muy discretos. Negrín se disponía a viajar a América en mayo y confiaba en resolver el asunto en una entrevis­ta personal con Prieto.

      En mayo, Juan Negrín viaja a Nueva York. Desde allí escribe a Prieto una amistosa carta en la que sólo hay una referencia al tema del Vita:

       Mi querido y buen amigo (…) Pronto tendré ocasión de exponerle verbalmente varias razo­nes de mi viaje. Pero no es la menor y, desde luego, ha contribuido a anticiparlo, mi deseo de que en una entrevista se aclaren los equívocos y las malas inteligencias surgidas en los últimos meses. Puede haber habido errores, de una u otra parte y quizá de ambas, pero como nos ha guiado el mejor buen deseo y para mí su estima­ción y amistad están por encima de cualquier otra consideración, estoy seguro de que con pocas palabras se desvanecería cualquier enojo o molestia que usted sienta…

       La respuesta de Prieto, fechada en México a 7 de junio, debió dejar sentado a Negrín:

Estima­do correligionario (…) …, nuestra amistad, ya muy quebrantada a partir de abril de 1938, la considero rota por completo desde abril de 1939. Consiguientemente, no debe verificarse la entrevista conmigo que proyecta usted a su lle­gada a esta capital (…).

        Si, aparte de esa amistad ya muerta, tuviera usted algo que decirme, ruégole que lo haga por escrito para que sea también escrita mi res­puesta. Así, ante palabras perdurables, se elimi­narían los riesgos de interpretaciones equívo­cas…

       Sigue una correspondencia breve: a los argu­mentos de Negrín opone Prieto salidas por la tangente; su argumento, la alta autoridad, cierra una discusión imposible.

      Mientras la refriega epistolar cierra las puertas a todo posible entendimiento, negándose Prieto incluso a encabezar un organismo único para la administración de los recursos del Vita, llega a Veracruz el vaporSinaia8 con el primer contin­gente de refugiados, 1.600,  incluido en los acuerdos entre los Gobiernos de México y la República.

         Allí está Negrín a recibir a los inmigrantes, pero, curiosamente, no comparece Prieto… Dos años después diría: Traer refugiados es tirar dinero al mar.

        A comienzos de julio de 1939 salen en el mismo barco hacia Francia las dos personalidades. En ningún momento de la travesía cruzan un saludo, ni una palabra. Negrín cavila cómo conseguir sus planes: Prieto piensa liquidarlos.

        En cuanto Prieto llega a París inicia los traba­jos para reunir una comisión de las Cortes. La fabrica a su medida, apoyándose en la minoría de los miembros de la Comisión Permanente Legal, como Araquistáin, De Francisco, Carlos Hernández y otros diputados que no formaban parte de la Comisión Permanente y que, en algunos casos, habían sido expulsados de su partido como desertores al no haber estado presentes en la reunión de las Cortes celebrada en Figueras el 1 de febrero.

      En estas maniobras Prieto obtiene la decisiva colaboración de un inteligente y hábil diputado asturiano, Amador Fernández, que, entre otros menesteres, se ocupa de cursar espléndidos gi­ros a favor de los diputados que, ausentes de París, figuraban en los planes de Prieto para tomar parte en la reunión. No podía fallar la picaresca política en aquellos momentos tan dramáticos.

      Mientras tienen lugar estos trámites en París, julio de 1939, Prieto se encuentra con su amigo Eusebío Rodrigo, a quien detalla sus planes. Ro­drigo queda asombrado y le pregunta:

    —¿Se da usted cuenta de lo que le va a ocurrir asumiendo semejantes funciones?
—respondió Prieto—, llenarme de mierda.

Acuerdo

       El 26 de julio se reúne en París la Comisión Permanente de las Cortes fabricada por Prieto con la ayuda de Amador Fernández. Esa Comi­sión acuerda la inexistencia del Gobierno Negrín y sólo ella se declara responsable de la adminis­tración de toda clase de bienes que la Repúbli­ca tenga en el extranjero. Con tal decisión y acuerdos, Prieto legaliza su maniobra; ya puede iniciar la administración del tesoro del Vita de forma abierta.

      El 31 de julio, la Comisión Permanente prietis-ta da por constituido un nuevo organismo: la Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles (JARE), de la que serán presidente y secretario, respectivamente, los catalanes Luis Nicolau y Carlos Esplá; José Andreu Abelló***, también catalán, es uno de los vocales elegidos.

       Desde ese momento el exilio queda dividido entre SERE y JARE, proyectándose la división a los campos de concentración y a través de to­dos los centros de refugiados de Francia y Áfri­ca del Norte9.

    Igualmente la escisión llega a todas las instituciones políticas, a las organizaciones sindicales y a los partidos —exceptuando el comunista—. Los elementos divisionistas, enfrenta­dos con las direcciones de los partidos, serán manifiestamente minoritarios en todas partes, aunque elementos sueltos, bien elegidos, apa­rezcan como representantes de sus organizaciones y ostenten sus siglas en la JARE, cuya ocupación primera, a la luz del balance de 30 de septiembre de 1939 (ver recuadro) es ini­ciar el pago de favores a la recién fabricada Comisión Permanente, a la que corresponde el 53 por 100 de los pagos efectuados en sus dos primeros meses de vida, mientras que a los refugiados de a pie sólo se les entrega el 9 por 100 en fruta.

      Tras su éxito en París, regresa Indalecio Prieto a México y se consagra a sus maniobras, tenien­do como base el tesoro del Vita. Allí se constitu­ye un comité que, de acuerdo con la Comisión Permanente prietista, será administrador de los fondos del Vita y de las demás partidas que puedan obtenerse. De ese comité formaban par­te Prieto, Palomo, José Andréu Abelló…

      Todo el cuadro económico de recuperación de recursos establecido por Méndez Aspe pasa a ser desarrollado, con otros fines y propósitos por el comité que preside y maneja Prieto, am­parado por su Comisión Permanente de las Cor­tes: el control del tesoro del Vita, las liquidacio­nes de los responsables de las oficinas de com­pras, los recursos situados en la embajada de los Estados Unidos; el valor de un importante número de motores de aviación depositados en México y que estaban destinados a España, etcétera.

      Después de la creación prietista de la Comisión Permanente, todos los que en la emigración poseían fondos de la República discreparon del Gobierno Negrín y de su ministro de Hacienda y se pasaron a la JARE, lo que les permitió rendir cuentas a su antojo y conveniencia. Muchos, incluso, no las rindieron.

     De esa forma, numerosos exiliados se enrique­cieron, mientras millares de compatriotas vivían en gran pobreza o languidecían de miseria en Francia. Este país, donde tantos bienes depositó la República, se aprovechó en numerosas ocasiones de las discrepancias entre SERE y JARE. Y, sobre todo, esa escisión, más el embargo del yate Vita, resultó desastrosa, pues en Francia quedaron gran parte de los bienes republicanos que ese buque estaba destinado a transportar, y que cayeron en manos alemanas cuando los ejércitos de Hitler ocuparon Francia, en el vera­no de 1940.

       Prieto neutralizó el Vita en México. Luego, pa­ra evitar problemas, lo envió a La Habana y allí permaneció hasta que lo vendió a los Estados Unidos por 40.000 dólares.

      Durante la Segunda Guerra Mundial fue utiliza­do como unidad de vigilancia costera. Su fabulo­so equipo de servicios, mantelería, cubiertos, todo de gran lujo, así como un extraordinario pia­no, fue enviado a México, donde se vendió o pasó a manos particulares.

        Ese desbarajuste en la rendición de cuentas o en la distribución o apropiación de bienes era paralelo’a la ineficacia y al distale que muchas veces presidió la conducta del Comité Adminis­trador que funcionaba en México10.

     Cuando éste era criticado, disculpaba su acción atribuyéndola a órdenes emanadas desde París por la Comisión Permanente; mientras que ésta rechazaba toda responsabilidad, endosándosela al Comité de México.

      No es este el momento de analizar minuciosamente el empleo de los recursos republicanos por la JARE —entre otras cosas porque sus archivos no han sido abiertos y permanece en secreto buena parte de su gestión—, pero sí pueden avanzarse unas generalidades de domi­nio público.

      Antes de perder el control del Vita, el Gobier­no de Negrín había constituido una entidad financiera encargada de realizar los estudios de inversiones para el acomodo de los inmigrantes, la FIASA. El Comité Prietista, por su lado, montó otra denominada Financiera Hispano Mexica­na, S. A. Las inversiones de ambas financieras fracasaron. La del SERE, por falta de medios económicos al haber perdido el cargamento del Vita. Las pequeñas inversiones del JARE, tam­bién fracasaron, pese a disponer de todos los recursos del exilio.

 

Qué fue de todo ello

      A estas alturas resulta ineludible la pregunta clave que hoy deben hacerse los españoles: ¿qué fue de todo ello? Están por explicar los paraderos, el empleo que se dio al oro, a la plata, a los valores y a las joyas y, sobre todo, debe aclararse qué se hizo con los objetos de arte (joyero de la Capilla Real, el Clavo de Cristo y multitud de objetos religiosos con valor histórico-artístico, colecciones numismáticas con ejem­plares únicos, colecciones de relojes…).

     Mucho nos tememos que una gestión irres­ponsable convirtiera en lingotes de oro o plata aquellas colecciones numismáticas de valor in­calculable y que se hiciera lo mismo con las cajas de los relojes, con los objetos religiosos.

     Este temor no es infundado: un funcionario del Banco de México nos proporcionó un infor­me con el peso del oro y su valoración en pesos mexicanos que envió el JARE en piezas al Ban­co de México para que procediera a su fun­dición:

FechasOro fino (Kg.)Valoración en pesos
15-I-40  27,743,713181.631,59
24-I-40                      29,020,477190.381,78
8-II-40                     38,626,879252.945,36
15-II-40                    52,687,629345.035,79
23-II-40                     90,998,422595.906,25
2-III-40                280,073,340 1.853.856,59
19-III-40               215,894,763 1.413.803,58
5-V-40    95,134,045623.528,95
7-V-40    135,473,168887.103,07
10-V-40     113,769,918745.351,33
11-V-40 105,129,805  688.417,66
14-V-4099,849,264653.954,92
17-V-40   203,704,2971.333.857,48
TOTAL
1.488.105,7209.765.534,35

En el mismo informe consta que parte de este oro fue expedido a los Estados Unidos: ¿A quién? ¿Dónde? ¿Con qué fin?.

       Hay que hacer constar también que parte del oro en barras transportado por el Vita y desem­barcado en Tampico fue a parar a los Estados Unidos. Que nosotros sepamos nada obligaba a tales envíos, ni el pago de los viajes de refugia­dos, ni las ayudas a los exiliados en Francia o el norte de África.

     Sólo se nos ocurre una motivación clara: que el JARE, previniendo una intervención del Go­bierno mexicano, tal como ocurrió en 1942, sa­case parte de los valores republicanos de México…; en cuyo caso hay que preguntarse, ¿quién se benefició de ellos? 11.

       Otra incógnita a despejar es dónde fueron a parar las cajas que cargó elVita con el tesoro de la Generalitat. La número 38 contenía oro amonedado sin revisar su valor numismático. La número 48, objetos de gran valor. La número 89, la 90 y la 95 fueron entregradas por la Gene­ralitat sin ser analizadas y la 99 contenía sacos con monedas de oro sin revisar su valor numis­mático. Es de justicia dejar constancia de que el Gobierno vasco no estuvo implicado en el tesoro del Vita.

      Es hora, hay que repetirlo, de que se rindan cuentas. Hoy mismo existe un saldo importante en metálico, resto del tesoro del Vita, del que pueden responder algunas personas que aún residen en México. En suma, que la historia del Vita no ha terminado aún.

ANDREU ABELLO DEBE RECORDAR

      El ex responsable del Comité de Administra­ción del tesoro del Vita, José Andreu Abelló, político catalán, es actualmente el único que puede esclarecer muchos aspectos del proble­ma histórico que aún es el Vita. Fue miembro de la JARE en Francia y del Comité de los tres en México, consejero de la Financiera Hispano-Mexicana y representante de la JARE ante la Comisión administrativa de los Recursos de los Exiliados, constituida en los últimos tiempos por el Gobierno mexicano en evitación de escándalos y problemas de orden público entre los refugiados.

      Estamos en condiciones de ayudar, con testi­monios propios, al ex consejero Andreu Abelló a que recuerde, por si su memoria fallara. Él es el único testimonio y actor directo de la triste y lamentable historia del Vita“.

Amaro del Rosal ** publicado en Historia 16ISSN 0210-6353, Nº 95, año 1984, págs. 11-24 (Véase en Picasa, por cortesía de Javier Coria,  dejaviercoria.blogspot.com

** Fue secretario adjunto de la Comisión Ejecutiva de UGT durante la República, presidente de la Fede­ración Nacional de Banca y del Sindicato de Madrid y director general de la Caja de Reparaciones (de donde salió la mayor parte del tesoro del Vita). Es autor, entre otras obras, de El Oro del Banco de España y la Historia del «Vita». Grijalbo. 1977, y de Historia de la UGT de España. 1901-1939. Grijalbo. año 1977.

 NOTAS

 Ver Leonardo Cáceres, El Viaje del Winipeg, HISTO­RIA 16, núm. 51, julio de 1980.

   El Gobierno vasco contaba con sus propios recursos, pues al evacuar Euzkadi logró sacar de allí lo que considera­ba «su patrimonio»; muestra de su gran independencia es que llegó a crear su propio pasaporte.

  Ver Ángel Viñas. El último oro de la República, HISTO­RIA 16. agosto de 1983.

   En Madrid fue jefe de la unidad de milicias socialistas conocida como La Motorizada, que luego se convirtió en com­pañía de carabineros, adscrita a los servicios del Ministerio de Hacienda. Le acompañaban’ en el Vita un grupo de subordinados.

   Giral fue presidente de Gobierno; Barcia, ministro de Gobernación y Estado; general y ministro de Gobernación fue Pozas: Gordón Ordax, ministro de Industria y Comercio.

6    Prieto se conocía esta cantilena de memoria, la repitió centenares de veces tanto por escrito como verbalmente. Esta cita corresponde a una carta a Sebastián Miranda, fechada el 15-IV-1959. Evidentemente, Lázaro Cárdenas jamás podría im­poner tal condición, y prueba clara de que no lo hizo es el telegrama de Prieto a Negrín del 7 de abril.

7   Doña Rita Labra, esposa de Augusto Barcia, fue una de las pocas españolas que recuperó joyas transportadas por el Vita… La coincidencia es bastante más que curiosa. Sirva esta nota también para desmentir el infundio propagado por Prieto de que el Vita transportaba un revoltijo. No sería tal revoltijo cuando se las arregló para hallar esas joyas y otras de sus amigos. Realmente, todo iba empaquetado y etiqueta-do: para hallar algo bastaba tener el número de referencia y Prieto lo tenía, pues la documentación viajó en el Vita, a cargo de José Mª Sabater. que falleció muy poco después de su llegada a México, a causa de los disgustos que el affaire le produjo.

8    Respecto al Sinaia y a la emigración republicana a México, ver HISTORIA 16; Cultura española en México, núme­ro 80, diciembre de 1982, y número 94, El primer año del exilio español en México, febrero de 1984, ambos por Ascen­sión H. de León Portilla.

9    Naturalmente hubo mil motivos más para las divisiones; el oro delVita fue el detonante de la tensa situación.

10    Dispongo de correspondencia abundante que de­muestra cómo el JARE respondió frecuentemente a las deman­das de los exiliados españoles con negativas argumentadas como si se tratara de una organización de beneficencia, » frases como esta que firma Andreu Abelló: … que los dos auxilios que les hemos prestado son la causa de que ustedes crean tener abiertas de par en par las puertas de nuestra benevolencia.Evidentemente, el JARE sintió de su propiedad los bienes que administraba.

11   Un informe del JARE de 9 de diciembre de 1942, como consecuencia de la intervención del Gobierno del gene­ral Ávila Camacho, que había sucedido a Cárdenas en la presidencia de la República mexicana, cifraba sus ingresos por todos los conceptos (Vita, Oficinas de compras, material aeronáutico, depósitos, etcétera) en 38.837.615,84 pesos, de los cuales sólo quedaban 10.295.434,42 cuando se hizo cargo de su administración la Comisión creada por Ávila Camacho. Cuando la Comisión pidió los documentos que acreditaban la veracidad de esos saldos, se le respondió que nadie tenía papel alguno… y fue imposible averiguar más.

EL PRIMER BALANCE DE LA JARE
Detalles de los pagos al 30 de septiembre de 1939
 (Dos meses de funcionamiento.)
Francos

Asignación a los señores consejeros     80.000,00
Honorarios funcionarios                54.250,00
Socorros       38.550.00
Socorros viajes         53.250,00
Oficina Monceau           2.000,00
Correo      1.058,00
Subsidio   represaliados  del   SERE          8.500,00
Delegación de Perpignan     150.000,00
 Compra para campos (frutas)       300.000,00 

 Atenciones Sección Española Asocia­ción Amigos
de la República France­sa 

14.000,00 
 Organización militar de enlace           3.550,00 
 Telégrafo y cable  3.759,55 
 Alquiler local            9.407,30 
 Impresos         664,75 
 Material oficina    2.835,05 
 Taxi, metro, autobús    208,00
 Mobiliario  15.020,00 
 Viajes    12.670,00 
 Anticipo reintegrable  15.000,00 
 Cooperativa Agrícola «La Creze»        12.000,00 
 Diversos  1.647,00 
 Habilitación Congreso septiembre  450.000,00 
 Habilitación Congreso octubre   450.000,00 
 Habilitación Congreso extraordinario 50.000,00 
 Habilitado, Generalitat Cataluña. Atra­sos de saldos    1.138.000,00 
 Subvención servicios MC del CVC  50.000,00 
 Total francos  3.412.750,00 

Tres millones cuatrocientos doce mil setecientos cin­cuenta francos.—Secretario, Carlos Esplá.—Presiden­te, Luis Nicoláu.

     El anterior cuadro no necesita comentario. Bastará señalar que de 3.412.750 francos gastados en Francia hasta el 30 de septiembre de 1939, a la Diputación Permanente de las Cortes le correspondieron 1.818.000 francos. A los refugiados en los campos 300.000, gastados en fruta, y el resto en partidas administrativas.

Más información:

 

 

 

 

Gatopardo.

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