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Cataluña, el hazmereir casposo...

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Luis Álvarez Cuesta Nos hemos convertido en el hazmereir a consecuencia de la adoración que el catalanismo nazionalista profesa a los símbolos decimonónicos y a las tradiciones aldeanas y costumbristas. Esa forma de tratar de apuntalar una identidad frágil ha exportado estructuras de vida rurales y palurdas a medios que no les corresponden como es el caso de la Barcelona cosmopolita, que poco a po
co se ha ido vaciando de su talante moderno y postmoderno en lo que a formas de vida se refiere. Madrid, hace 35 años, era una capital divertida pero, en cuanto a la calle, bastante palurda y castiza: muy encerrada en sus tradiciones y dominada por ellas. BCN era todo lo contrario. Ahora mismo, la situación se ha invertido y Madrid es una capital muy cosmopolita, parida y cosida por movimientos underground y tardomodernos. BCN es una suerte de Valls amplificado, en donde los gigantes y cabezudos y las fiestas populares con rancio sabor a naftalina y membrillo, atravesadas por "perroflautas" que no saben ni quién era Sid Vicious, han tomado la calle por asalto. Sólo escribir esto, y acordarme de algún grupo "musical" catalán subvencionado, me produce espanto y un ataque de caspa combinado con una infestación de ladillas cuya nuclearidad combina barretina y "botifarra" a destajo. Hace tiempo escribí lo siguiente:

La filosofía de Nieztsche criticaba, y critica, la estaticidad del ser de las cosas: esa tradición derivada del platonismo que consideraba al ser como algo fijo e inmutable.
Es trascendental esta idea porque conecta muy bien con una parte importante de la esencia del pensamiento nazionalista a ultranza.
El nazionalismo catalán esencialista, que es el que me ha tocado sufrir en mis carnes, desgraciadamente, aboga por la rigidez en las formas de vida. Cualquier cosa que sea nueva, diferente a su modo de ser, es rechazada casi por principio.
Estos días, con motivo de la festividad de todos los santos, he visto expresiones exacerbadas de rechazo al Samhain (pasado por el túrmix del mercadeo estadounidense): Hallowen. La base de todas esas expresiones ha sido reivindicar la propia identidad y tradiciones de la “cultura catalana” (entrecomillo lo anterior porque me niego a aceptar como cultura catalana al conjunto de tradiciones impostadas, limitadas y provincianas, que ha convertido en símbolos identitarios el nazionalismo catalán excluyente).
Existen argumentos variados para proceder de un modo reactivo frente a “nuevas” formas de vida, pero en el caso catalán se da una especie de canto del cisne desesperado. Parece que les horrorice el cambio, la mixtura, el devenir del ser y su mutación, son por ello antiheraclitianos.
Desde mi punto de vista su identidad es muy frágil. Al ser tan débil, esa identidad, se deben siempre posicionar de una manera hermética que no permite el flujo entre lo propio y lo ajeno. Al no poder intercambiar con la alteridad no se produce movimiento, trueque y variabilidad.
Es asombroso comprobar cómo rehúsan, de un modo irracional, aceptar y adaptar novedosos y diversos estilos de conducirse e interrelacionarse con el medio. Para oponerse a esas nuevas posibilidades apelan a diversos argumentos, pero al final lo que subyace son dos cosas: narcisismo y pánico.
El narcisismo hunde sus raíces en la autoestima disminuida. Para compensar ese sentimiento de pequeñez, y falta de consistencia interna, se construye un mundo en el que se desaloja en el otro lo degradado. El narcisismo precisa ensalzar sus propias capacidades, reales o inventadas, a costa de degradar al objeto de relación: “Tú no vales nada, yo soy lo mejor”. Claro que, en el fondo, el narcisista se siente muy poco válido, de ahí que tenga que realizar todas esas operaciones mentales para librarse del dolor de autoreconocerse como un ser carenciado, incompleto, endeble, muy dependiente y nimio. El pánico, por su parte, es el resultado de esa conciencia de debilidad y desamparo. La inseguridad sobre la solidez del sí mismo es de tal magnitud que no tolera, ni autoriza, la aceptación, aprehensión y asimilación de nada que venga de fuera. Lo que es ajeno se convierte en un atentado al sentimiento de la propia valía y en un peligro que amenaza con destruir la paupérrima identidad. No se está seguro de la propia pervivencia. Al final el mundo se organiza a la manera paranoica: “Todo me persigue. O conmigo, o contra mí”, no se transige con la diferencia.
Esa urdimbre constitutiva del ser del catalanismo identitario, esencialista, provinciano, decimonónico y costumbrista es la que produce la inclinación hacia las formas de vida estáticas, el pavor ante la mudanza y la transformación. Desde esa posición es imposible entender cualquier evolución, cualquier transformación. Justo por esa idiosincrasia se deslizan fuera del tiempo luchando desesperadamente por sobrevivir, un poco a la guisa de lo que hicieron los grandes saurios de finales del cretácico. No haber entendido que toda cultura y, por extensión, toda civilización y la vida en general, está sujeta al mestizaje, y a la transfiguración permanente, es negar a Darwin y las evidencias de cualquier ciencia que tome a su objeto de estudio desde un punto de vista longitudinal, esto es, en desarrollo.

  • SoZialismus Ist Ruine Writers Marcos Ramirez Luis Alvarez, magnífico texto. Enhorabuena. Yo utilizaría sin reparos la expresión: "identidad catalanista" para diferenciarla de la "identidad catalana". Creo que son cosas muy distintas. Mezclarlas es síntoma de confusión. Y los nacionalistas quieren que hagamos una equivalencia entre las dos identidades, pero no son lo mismo, ni nucho menos.La identidad catalanista está compuesta por unos pocos símbolos, la creencia de que ellos son buenos y los demás son malos y el odio irracional a España o al Estado español. Por el contrario, la identidad catalana está llena de matices, es el resultado de una evolución de siglos, no es excluyente sino integradora, es más completa, está mejor asentada y equilibrada, se asienta en una tradición de generaciones... La identidad fabricada por el catalanismo político es frágil, causa insatisfacción a quien la adopta (una insatisfacción que utilizarán políticamente a su favor los partidos nacionalistas), porque está mal construida de raíz, por unos ideólogos en el siglo XIX. En mi opinión, no se suelen construir las identidades personales y colectivas de esta manera tan artificial.
    No es posible mantener debates manejando información deformada hasta el nivel de lo grotesco. Tengo la impresión de que no estamos hablando del mismo hecho histórico. ¿Qué fuentes de información manejas? No lo entiendo sinceramente. ¿Hablas del Descubrimiento de América o de otro tema, de otra época y de otro país que no es España y de otro continente que no es América? Esta impresión la tengo a menudo cuando entro en las páginas web separatistas. La historia es una rama del saber, una disciplina universitaria. No un juguete ingantil para entretenerse. Una mente simple o carente de información contrastada no es capaz de entender la complejidad de los procesos históricos. Hay muchos estudios publicados. Lee, estudia, contrasta, pero estudios de autores de prestigio. La historiografía actual no es la del siglo XIX, cuando surgió el nacionalismo catalanista. Los "historiadores" catalanistas crearon mitos, inventaban, entre otras cosas porque la historiogragía de entonces no estaba tan desarrollada como la actual. No quiero aburrir a los lectores con datos. Las cifras que das: 60, 70, 90 millones de víctimas en América, como comprenderás, ni tú mismo ofreces una cifra concreta. La imprecisión y la variabilidad tan grande entre las cifras descalifican tu argumento. Y desde luego estos datos son malintecionadamente falsos. Vida de calamidades. Unos indígenas sí otros no. Depende. En las misiones jesuíticas te aseguro que vivián adecuadamente. Enfrentar a unas tribus contra otras. Los españoles, al llegar a América encontraron tribus enemistadas con frecuencia entre sí, guerreaban unas contra otras, como en tantos otros lugares. Por ejemplo los españoles se aliaron con los guaraníes y lucharon contra tribus enemigas de los guaraníes. El imperio azteca tenía sometidos a muchas personas y tenía enemigos. El no mestizaje de los ingleses en sus territorios coloniales es un hecho. El mestizaje de los españoles con los nativos es constatable. Ten en cuenta que buen número de americanos ya no eran nativos pocas décadas después de la llegada de Colón, sino descendientes de español o portugués (y otros europeos) y nativo. La sangre se mezcló mucho. Y duro con los castellanos. No lo entendéis los independentistas. Que sabemos la procedencia de muchos de los que fueron a América. Está en los archivos. Que participaron españoles de todas las regiones, hombre. Que Alvar Núñez Cabeza de Vaca, por ejemplo, el descubridor para Europa de las cataratas de Iguazú, nació en Cádiz. Era ANDALUZ. Centenares de culturas se perdieron. No conoces la gran cantidad de culturas e idiomas que se hablan en la actualidad en Hispanoamérica descendientes de las culturas precolombinas. A veces estas etnias han sido perseguidas, causando víctimas (y hoy también sucede) por gobiernos posteriores al español. El Día de la Raza aquí se llama el Día de la Hispanidad, que para tu información, se creó y se celebró por primera vez en Barcelona, en la Casa de América, en 1911. La madurez no se refleja en tus palabras. Más bien lo que veo es exaltación e irracionalidad. Un odio hacia una España inventada por los nacionalistas, pero que no existe ni existió. Los nacionalistas odian, sin saber lo que odian.
15/12/2012 22:16 zpeconomiainsostenible Enlace permanente. sin tema

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