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A la atención de María Garzón Molina...

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*Por Ángel Rico

Respetada señora Garzón, me veo en la obligación moral de responder al escrito que usted, motu propio, hizo público hoy. Y obligado por mis, jodidos, principios me veo en la obligación moral de responderle.

Yo no seré de aquellos que, hipotéticamente, brindarán hoy por la sentencia emitida por el Tribunal Supremo de España por las actuaciones probadas de un mal juez. Me permito recordarle, señora Garzón, que más del cuarenta por ciento de las instrucciones procesales de sumarios dirigidas por ese juez, acabaron anuladas por tribunales superiores,  por ser el resultado de un trabajo pésimo. Si tal porcentaje de errores se hubiesen producido, por ejemplo, en un médico de la Seguridad Social, ese hipotético funcionario habría sido, con toda seguridad, expulsado de su puesto. Lo que provoca una pregunta ¿Por qué puede expedientarse y, en su caso, expulsarse de su puesto a un mal médico y no a un mal juez?

Se puede opinar que una mala actuación médica puede dar con los pacientes en la morgue; lo que es verdad. Como también lo es, que por la gestión de un mal juez, un inocente puede dar con su vida en la cárcel. Nadie debe estar por encima de la Ley, ¡nadie! Y, aunque a usted no le guste, su padre tampoco.

En el escrito voluntario dirigido a la opinión publica, usted nos dice: “A ustedes, que durante años han vertido insultos y mentiras; a ustedes, que por fin hoy han alcanzado su meta y conseguido su trofeo” (sic) lo que es sencillamente falso. Las sentencias del Tribunal Supremo de España no son trofeos, son decisiones  en que el juzgador, concluido el juicio, resuelve finalmente sobre el asunto principal, declarando, condenando o absolviendo, y en el caso que nos ocupa condenando porque el juez incumplió la Ley Orgánica General Penitenciaria (Art. 51.2) y la Constitución que, como usted sabe, indica en el Artículo 9. 1.- Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución  y al resto del ordenamiento jurídico. La misma Constitución  que amparaba al juez, hoy condenado, cuando en el ejercicio de su jurisdicción, realizaba una y otra vez, mal las instrucciones de sus sumarios.

También nos dice que: “A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto” (sic) Frase que puede ser comprensible como recurso lingüístico de alguien –usted- que por fin, ha bajado a la tierra, que pisamos aquellos que, además de correr el riesgo de que un mal juez nos meta injustamente en la cárcel,  no tenemos la suerte “--Querido Emilio”, de que el principal banco de España financie con 320.000 dólares, un seminario sobre Derecho en Nueva York, mientras disfrutamos de una licencia de estudios pagada, concedida por el Consejo General del Poder Judicial, ni tampoco tenemos la suerte de que paguen la carísima matrícula de práctica jurídica de nuestra hija en la ONU. Además de ser hija del juez hoy condenado ¿Qué tiene de especial la afortunada estudiante de prácticas de  Derecho en la ONU que no tenga, pongamos por caso, mi hijo?

Usted debe entender, señora Garzón, que nosotros el Pueblo, tampoco estemos dispuestos a bajar la cabeza, cuando un mal juez es condenado por primera, segunda o tercera vez. En España debe aplicarse aquello de que quien incumple la Ley paga por ello.

Finalmente nos dice que: --Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila— (sic). A esa declaración de parte, nosotros tenemos que responder diciéndole que: también cenaremos hoy juntos, porque tenemos la creencia de que el juez condenado, es culpable de los delitos por los que fue juzgado. Y gracias a que creemos en la seguridad jurídica, y en la Libertad de Expresión, puedo opinar lo que aquí opino; algo que habríamos puesto en cuestión si la sentencia al mal juez, hubiese sido la contraria, porque de instalarse la creencia en la judicatura de que “el fin justifica los medios” correríamos el riesgo de que el condenado, o su familia, o cualquiera, pudieran ponerme astillas entre las uñas para obligarme a pensar igual que la familia del juez.

Por eso nuestra tranquilidad hoy es mayor que ayer, porque nosotros el Pueblo, los que podemos ser enviados a la cárcel por un mal juez, tenemos la seguridad de quien lo hace la paga, ya sea un juez o un ciudadano normal.

Así son las cosas en España, señora Garzón, por las que pagamos impuestos para que los miembros de la judicatura se limiten sencillamente a cumplir la Ley. Y finalmente me permito recordarle lo que dijo Francisco de Quevedo: “Donde hay poca Justicia es un peligro tener razón”.

…He dicho!

*Es miembro de FAPE

22/02/2012 01:06 zpeconomiainsostenible Enlace permanente. sin tema

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